ESCUCHA AMOROSA EN EL SILENCIO COMPARTIDO

 

Estudie medicina. Al terminar decidí trabajar en ciencia, algo que me había entusiasmado desde muy pequeña. Fui becaria de investigación durante varios años, he trabajado en Hospitales, Centros de Investigación y Universidades en España, Francia y Estados Unidos. Actualmente trabajo en la Universidad de Zaragoza.

En mi vida han caminado de la mano ciencia y fe: lo creado y el Creador. Cautivada desde hace años por la misteriosa presencia de Dios en cada ser humano, me siento profundamente atraída por todo aquello que me acerque, me sensibilice a esta Presencia. La Palabra y la oración, son para mí un tesoro, lugares de encuentro donde vivir intensamente mi fe. En mi caminar, recibo como un regalo de Dios, las personas con las que comparto experiencias, oración... por eso cuando una amiga me habló del retiro preparado por Carmen y Magdalena, no me lo pensé dos veces, sentí que era una ocasión preciosa para seguir disfrutando plenamente, junto a otros, el sentirnos inmensamente amados.

¡Qué maravilla disponer de unos días para disfrutar del silencio profundo que te lleva al encuentro íntimo con Dios! ¡Qué ganas de vivir plenamente cada momento!, ¡cuántas expectativas de que cada instante fuera intenso, rebosante!
Llegar a un lugar tan bello, impregnado de los cantos entonados por hombres de Dios, era preludio de lo que nos esperaba. Grata acogida, hermosas las personas que nos habían invitado y nos acompañaban. Se fueron sucediendo las charlas de una belleza infinita, las oraciones de encuentro profundo, el compartir de las miradas, la escucha en el silencio, el sentirnos acompañados.
Los encuentros de la tarde donde experimentar el sentir de cada uno, donde nuestras diferencias nos hacían libres para expresar lo que resonaba en nuestro corazón. El celebrar juntos, más allá de las palabras, la alegría de estar en camino junto a otros, los cantos, las danzas, el agua, las flores, el pan y el vino, las velas, en torno a la luz de la Palabra. El sentirnos inmensamente agradecidos por los días vividos, sabiéndonos sembrados por la Palabra de Dios y en espera confiada. Felices de todos los dones recibidos partimos hacia nuestros hogares.
Han pasado ya días, ahora en mi ciudad, inmersa en la actividad cotidiana, el silencio me acompaña. Descubro otra mirada que capta todo lo bello que Dios pone en nuestras vidas y me admiro y agradezco a Dios su presencia amorosa en el mundo y que siga llenando cada hueco y espacio de mi ser. 

 

  Ana Gascón