¿Por qué creemos en Dios?

Quizás creemos en Dios porque, sencillamente, Dios existe. Resulta natural que la gente crea en algo tan obvio. Pero, a decir verdad, la existencia de Dios no resulta tan obvia, y el no creer que Dios existe no es una postura irracional.

Por ello, es necesario indagar en que otras razones creemos en Dios. Debemos tener presente, no obstante, que el explicar por qué la gente cree en Dios no implica que Dios no exista. El encontrar el origen de una creencia no invalida esa creencia.

Quizás las personas creemos en Dios porque necesitamos ofrecer explicación a las cosas que suceden. Las culturas antiguas crearon mitos para enfrentarse al misterio de los fenómenos naturales. Frente al trueno, la lluvia, el cambio entre el día y la noche, las estaciones, etc., resultó natural que los hombres primitivos inventaran a Dios como modo de apaciguar su angustia frente a lo desconocido. La idea de Dios, en cierto sentido, ofrece seguridad.

Pero, no deja de ser cierto que la religión muchas veces invoca misterios, y son menos las preguntas que la religión resuelve que las que deja de resolver, o incluso, postula.

Quizás los hombres inventaron a los dioses para apaciguar temores. En tiempos de desesperación por catástrofes naturales, enfermedades, campañas militares, etc., Dios sirve como vía de escape frente al malestar. Gracias a la creencia en lo divino, mucha gente ha logrado superar momentos intensos de crisis.
Esta teoría también es plausible. Pero, es igualmente cierto que muchas veces la idea de Dios genera más temor que calma. A lo largo de la historia, mucha gente ha quedado horrorizada de por vida frente al eventual Juicio Final. La religión, parece, mitiga algunos temores, pero a la vez exacerba otros.

También podemos considerar que Dios surgió como proyección de las fantasías del hombre. Los hombres, insatisfechos con sus limitaciones, han proyectado sobre los dioses todo aquello que han deseado ser. No es casual que los dioses en Etiopía fueran de piel oscura, mientras que los dioses de Escandinavia fuesen rubios.

Como las otras, esta teoría es plausible. Pero, quizás es demasiado simplista. No todas las personas desean tener las cualidades que se atribuyen a los dioses. Y, además, muchos dioses tienen atribuciones que están muy lejos de ser las proyecciones ideales de los seres humanos; basta pensar en la gran cantidad de dioses griegos con cualidades morales cuestionables.

Quizás los dioses surgieron como una especie de aglutinante social. Cuando la gente cree en un mismo dios, desarrolla un sentimiento de solidaridad muy estrecho, y eso facilita la vida social. Así, la creencia en Dios tiene una importantísima función social, y precisamente gracias a esta creencia, los seres humanos han logrado conformarse en grandes colectivos.

De nuevo, esta teoría es plausible, pero no plenamente convincente. Es verdad que la creencia en Dios tiene un componente colectivo, pero también es verdad que muchas manifestaciones religiosas son individuales. Y, además, en muchas ocasiones, la religión genera más conflictos que paz social. Basta pensar en la enorme lista de guerras que han surgido como consecuencia de las disputas religiosas.
Podemos contemplar también la posibilidad de que la creencia en Dios surgió como medio para explotar a los oprimidos. Un pequeño grupo de opresores habría inventado la idea Dios para legitimar el poder y el estatus, y así convencer a los oprimidos de que acepten las condiciones sociales y no se rebelen.

Esta teoría puede explicar la creencia en Dios en sociedades modernas, donde hay mucha opresión y desigualdad. Pero, no deja de ser cierto que existen sociedades igualitarias en las cuales la creencia en los dioses persiste. Y, además, habría que preguntarse por qué los oprimidos se dejan engañar con esa idea de Dios.
Por último, quizás llevemos la creencia en Dios en los genes. O, para expresarlo mejor, quizás nuestro cerebro está programado de manera tal que nos condicione a favor de la creencia en los dioses. Nuestros ancestros homínidos probablemente se tuvieron que enfrentar a muchos depredadores. En una situación como ésta, sobrevivieron en mayor proporción aquellos homínidos que tenían una disposición a estar alertas y atribuir agencia a fenómenos sin agencia (una sombra, el viento, un ruido, etc.). Así, nuestra mente está condicionada a encontrar sentido y propósito a todo. En un inicio, este condicionamiento nos permitió escapar frente a las amenazas; hoy, este condicionamiento nos hace ver propósitos divinos en muchos rincones.

Probablemente, no exista una única razón por la cual la gente cree en Dios; antes bien, probablemente se deba a una conjunción de muchos factores. Pero, sean cuales sean estos factores, sin duda son muy poderosos, pues el número de personas que creen en algún dios excede abrumadoramente al número de personas que no creen.

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